A propósito de las últimas entradas que he realizado, donde hablo de estrategias didácticas, el fomento de las buenas prácticas y cómo estas influyen en el desarrollo musical y socioafectivo en los estudiantes, me he encontrado con un planteamiento muy interesante en el que se presenta cómo la psicología se ha abocado con mayor fuerza a estudiar y tratar las emociones o estados negativos, en comparación con las emociones positivas.

Menciono esto como introducción a la presente reflexión, ya que, en cierta medida, es un paralelo con la forma en que abordamos el proceso didáctico con nuestros estudiantes. Ellos, deseosos de disfrutar y desarrollarse técnica, social y musicalmente, se ven, a ratos, frustrados por la falta de una vinculación positiva con el docente o con sus pares.
En este sentido, Fredrickson (2004) expone que las emociones positivas cumplen dos funciones importantes: a corto plazo, abren la mente y amplían el campo de oportunidades y elecciones posibles; y a largo plazo, promueven el desarrollo de recursos cognitivos y sociales, favoreciendo el desarrollo personal.
Ahora bien, es importante comprender que el campo de las emociones es sumamente complejo, y que tanto las emociones negativas como las positivas coexisten en un mismo individuo. No necesariamente son polos opuestos o contrastantes; más bien, bajo este modelo teórico, se presume que ambos tipos de emociones interactúan en un juego mucho más complejo de lo que se ha considerado tradicionalmente (Vera, 2008).
Sobre esta base, se vuelve imperante replantear el estudio de las emociones positivas y su correspondiente refuerzo en la práctica de la didáctica musical, especialmente en la enseñanza instrumental.
Por último, Seligman (2002) clasifica las emociones positivas en tres categorías: pasado, presente y futuro. Esta aproximación podría ser de gran utilidad para la reflexión consciente de los objetivos pedagógicos, de las estrategias que implementamos y, por sobre todo, del bienestar que nuestros estudiantes demandan.
- Emociones positivas vinculadas al pasado: satisfacción, complacencia, realización personal, orgullo, serenidad, gratitud.
- Emociones positivas relacionadas con el presente: alegría, éxtasis, tranquilidad, entusiasmo, euforia, placer, fluidez.
- Emociones positivas respecto al futuro: optimismo, esperanza, fe, confianza.
Estas emociones son independientes entre sí y pueden presentarse de manera conjunta o aislada.
Desde la pedagogía musical, y especialmente en la enseñanza instrumental, este enfoque sobre las emociones positivas abre un campo de acción muy concreto para el docente. Cuando el profesorado favorece experiencias que despiertan satisfacción por los logros, entusiasmo por el proceso y confianza en las propias capacidades, no solo se potencia el desarrollo técnico e interpretativo, sino también habilidades y competencias socioafectivas como la seguridad personal, la motivación intrínseca y la capacidad de proyectarse en el tiempo.
En la práctica, esto puede traducirse en reconocer hitos y avances que generen orgullo y gratitud, legitimar el disfrute y la fluidez de la experiencia musical en el aquí y ahora, y construir, junto al alumno, expectativas realistas, objetivos significativos y proyectos artísticos o formativos que inspiren esperanza y optimismo.
De este modo, la clase de instrumento deja de centrarse únicamente en la corrección del error y se convierte en un espacio de acompañamiento integral, donde la técnica se entrelaza con el bienestar y la identidad musical de cada estudiante.
Bibliografía
Fredrickson B. L. (2004). The broaden-and-build theory of positive emotions. Philosophical transactions of the Royal Society of London. Series B, Biological sciences, 359(1449), 1367–1378. https://doi.org/10.1098/rstb.2004.1512
Seligman, M. (2002). La auténtica felicidad. Ediciones B. Barcelona.
Vera, B. (2008). Psicología positiva. Una nueva forma de entender la psicología. Calamar Ediciones.





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